Ayer no escribí.
Me acabo de dar cuenta de que hacía exactamente 24 horas que no abría esta página. No pasó nada malo, simplemente… no tuve ganas de escribir. Y supongo que eso también cuenta como parte de estar aquí.
Ayer me levanté bastante tarde. Afuera estaba gris, como casi todos los días, y por un momento pensé que todavía era muy temprano. Preparé algo para desayunar y me quedé un rato mirando por la ventana. Después estuve ordenando algunas cosas de la casa, encontré papeles que ni siquiera recordaba haber guardado y terminé haciendo una pila de cosas que todavía no sé dónde poner.
Salí un rato a comprar algunas cosas que necesitaba, nada interesante, aunque todavía me resulta extraño encontrarme con gente conocida por el pueblo, supongo que eso es algo a lo que voy a tener que acostumbrarme.
La tarde pasó bastante rápido.
Escuché música, acomodé algunas cosas en mi habitación y empecé a leer un libro que llevaba días dejando para después. Afuera seguía lloviendo.
Y eso fue todo.
No hubo ninguna aventura, no descubrí ningún lugar nuevo, no pasó nada que mereciera una entrada especial.
Pero quizás justamente por eso quería escribir hoy.
Creo que todavía estoy aprendiendo que no todos los días tienen que ser interesantes para recordarlos.
A veces simplemente llueve.
A veces no sales de casa.
A veces pasan 24 horas sin escribir nada.
Y después vuelves.
Hasta la próxima entrada.

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